6 de enero…el año es lo de menos.
Cuando era niño el 6 de enero era
especial, si los regalos lo hacían especial, al menos eso pensaba, pero después, tomando cierta distancia me doy
cuenta que el día de reyes era mucho más
especial que la navidad en sí, envolvía ese misterio de no saber si los reyes habían
tomado mi carta, la habían leído y sobre todo conseguido los juguetes que había
pedido; también tenía que irme a dormir ¡¿Cómo me pedían eso!?, y en ese afán por
estar despierto para ver a los reyes dejar los juguetes siempre la ansiedad
daba paso al cansancio y acababa dormido contra mi voluntad, para que de
pronto, a una hora bastante incómoda de la madrugada para mis padres, despertara
y ahí, bajo el árbol o en algún mueble de la sala estuviesen los regalos!!
¡¡los reyes magos habían llegado!!
Hoy día el 6 de enero me sigue
haciendo ilusión, llamémoslo así, en
parte por esos momentos de convivencia que se viven en torno a la rosca de
reyes, aparte de que hay años en que las roscas de verdad son una delicia!,
pero en especial estos 6 de enero se caracterizan por que se cumple un año más,
y no es solo “un año más” de comenzar a compartir mi vida y hacer vida en común
con uno de los mejores hombres que he conocido, que me ha aguantado en la malas
y en las buenas, y créanme soy un dolor de huevos en ambas. Podría ponerme muy emocional
sobre estas líneas, pero descuiden, ya casi termino, solo quería, y ustedes
disculparan la ostentación, contarles que a mí los 6 de eneros todavía hacen
que me despierte con una sonrisa en el rostro e ilusión en los ojos.
