“Aquel que
nunca haya armado un tango que tire la primera nota.
Porque es de
humanos el escándalo y más perversa es la simulación. Atrás de cada mirada que se reserva el derecho al ridículo, hay una lagrima que se reserva el derecho a ser enjugada.”
Malú Huacuja del Toro
Sepan ustedes, y no me avergüenzo
de ello que aún hay canciones (y espero que aun vengan muchas más) con las
cuales los ojos se me ponen vidriosos, se me llenan e incluso alguna vez una
lagrima, o más de una, me llegue a hacer rapel por las mejillas. Hoy es uno de
esos días en que unas cuantas se me han escapado.
Pero no, no estoy triste ni voy para allá, tal vez
en esta ocasión esas lagrimas se debieron a que me enternecí hasta muy, muy
dentro, me enternecí de mí, me enternecí de que tal vez debería decir…quizá, a
modo de advertencia para que quien me ama tome sus precauciones, para que de
pronto no le extrañe que un día aparezca con un medio melón en la cabeza, las
rayas de la camisa pintadas en la piel, dos medias suelas pegadas en los pies y
una banderita de taxi libre levantada en cada mano, tal vez debería decirle…o
tal vez ya lo sepa.
El caso es que ocurrió que esta
vez mientras escuchaba Balada para un loco, las lágrimas se me escaparon, un
poco porque siempre me ha gustado esa canción, un mucho porque me identifico
tanto y muchas (todas) veces creí (y creo) que para amarme hay que saberlo, que
debo y debería decir… cantar a media voz
Trepate a esta ternura de locos que hay en mí,
ponete esta peluca de alondras, ¡y volá!
¡Volá conmigo ya! ¡Vení, volá, vení!
la mágica locura total de revivir...
¡Vení, volá, vení! ¡Trai-lai-la-larará!